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TRASTORNO DE DÉFICIT DE ATENCIÓN/HIPERATIVIDAD (TDA-H)

Trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDA-H)
NUESTROS SERVICIOS RELACIONADOS CON EL TDA-H

En el Centro Psicológico y de Enseñanza EDUCADOS somos especialistas abordando casos de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad. Nos avalan 7 años de experiencia en el trabajo con niños y jóvenes con TDA-H. Trabajamos en coordinación con sus familias y su centro escolar, así como con el resto de profesionales que intervengan en el caso: médicos de atención primaria, psiquiatras, neuropsiquiatras, logopedas, etc., de manera continua.

En nuestro centro disponemos de las herramientas necesarias para realizar la evaluación psicológica y psicopedagógica. Una vez que tengamos una recogida de información exhaustiva sobre el caso, confeccionamos un diseño de tratamiento personalizado basado en ayudar a mejorar aquellas dificultades encontradas. La psicóloga de nuestro centro se ocupa de estos aspectos.

Un pronta detección y posterior intervención con los jóvenes con Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad, es primordial para que su correcto desarrollo, evolución e integración adecuada en todos los ámbitos de su vida. Cuanto más temprana sea la edad en la que se comience a trabajar de manera específica con estos chicos y su entorno, más posibilidades de éxito académico, social, familiar y laboral podrán conseguir.

Nosotros nos encargaremos de proporcionales la mejor orientación posible para su situación, de manera seria, profesional y abierta.

No duden en contactar con nosotros para recibir toda la información que necesiten. Estaremos encantados de atenderles.

El TDA-H (trastorno de déficit de atención e hiperactividad), un trastorno que en la actualidad, como coloquialmente se dice, está “a la orden del día”, “está de moda”, sobre todo en las aulas de gran parte de nuestros colegios. Se trata de la alteración del comportamiento más diagnosticada en niños en edad escolar en nuestros días. Es uno de los trastornos psiquiátricos más presentes en el inicio de la infancia y puede derivar en retrasos y dificultades en el funcionamiento académico, social y personal. Suele ser en el primer ciclo de la Educación Primaria, cuando los niños empiezan a aprender conceptos más complejos cada vez, como la lectura y escritura, sumas y restas, etc. cuando el entorno (padres, profesores, etc.) perciben los primeros síntomas. Unas veces se observan sólo problemas en la atención de los pequeños, otras es un exceso de activación y movimiento lo que más preocupa, pero los síntomas de este trastorno se dan desde estas edades tan tempranas (antes de los siete años), no es algo que aparezca de repente en la adolescencia o en la edad adulta. Éste último aspecto es algo que debemos tener muy claro.

El Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad (TDA/H o TDA-H en adelante) se refiere a un grado inadecuado de atención, es decir, una inatención notoria, pudiendo estar ligada o no a un nivel de hiperactividad e impulsividad elevado. Esto provoca en los individuos que padecen TDA/H numerosos problemas que se hacen evidentes en todos los ámbitos de sus vidas (en la escuela, en casa, en las relaciones sociales…).

Su alta tasa de comorbilidad (asociación de otros trastornos o problemas), creciente a lo largo de la vida del niño, su evolución hacia trastorno disocial en la infancia y antisocial de la personalidad en el adulto, las complicaciones que genera en el paciente (fracaso escolar, consumo de sustancias, alta tasa de accidentes, etc); hacen muy importante su correcto diagnóstico y adecuado tratamiento en la infancia lo más precozmente posible.

Debido a las características clínicas y a su origen neurobiológico, el TDA-H implica a los servicios sanitarios, y en la medida en que afecta al desarrollo escolar, social y personal de los individuos, corresponde también a los servicios educativos y sociales la detección en el ámbito escolar y su atención psicopedagógica.

En la actualidad, aunque ya se habla mucho de este trastorno y hay bastante información por diversos medios, son muchas las familias y los profesores que se sienten incapaces de ofrecer ayuda adecuada a estos niños. De hecho, en la mayoría de los casos, estos niños son “bautizados” como: malos, revoltosos, rebeldes, vagos, sin interés por el aprendizaje, transgresores de normas, nunca escuchan, maleducados, etc.

Ahora bien, también es cierto que la forma en la que vivimos actualmente, en una sociedad en la que tenemos tantos medios de información e investigación, que sabemos tanto de tantas cosas… lleva a muchas familias, profesores y demás profesionales, a ver niños con TDA-H por todas partes. Pasamos de un extremo a otro opuesto, como todo en los últimos años, hemos pasado de “algunos niños malos a los que no les da la gana de estudiar, niños problemáticos” a “muchos niños con un trastorno”, y esto también tiene una serie de consecuencias negativas. Es muy probable que el Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) esté sobrediagnosticado, lo cual supone que se etiqueta y se convierte en “enfermos” a muchos niños que no lo están. El tratamiento de este trastorno puede venir acompañado de medicación y si ésta no es verdaderamente necesaria puede suponer un riesgo para la salud del niño. Muchos son los padres que ven en su hijo “una excesiva actividad” y piensan que su niño es hiperactivo, olvidando que todo niño, sobre todo antes de los seis o siete años (antes de comenzar en educación primaria, que será donde empiecen a profundizar en las competencias básicas del aprendizaje escolar), tienen un alto nivel de actividad física, ya que están en edad de continua exploración y que lo anormal sería que no lo hiciesen.

DEFINICIÓN DE TDA-H

Uno de los investigadores más prestigiosos de este trastorno, Barckley en 1990, describe así el trastorno por déficit de atención:

“Es un trastorno del desarrollo caracterizado por niveles de falta de atención, sobreactividad, impulsividad inapropiados desde el punto de vista evolutivo. Estos síntomas se inician a menudo en la primera infancia, son de naturaleza relativamente crónica y no pueden atribuirse a alteraciones neurológicas, sensoriales, del lenguaje graves, a retraso mental o a trastornos emocionales importantes. Estas dificultades se asocian normalmente a déficit en las conductas gobernadas por las reglas y a un determinado patrón de rendimiento”.

El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA-H) es un trastorno de origen neurobiológico que afecta aproximadamente al 5% de la población en edad escolar. Se caracteriza por los síntomas de desatención (incapacidad de resistirse a estímulos irrelevantes, lo que dificulta su concentración durante mucho tiempo y, por tanto el mantenimiento del “trabajo consistente” en una tarea, por un periodo de tiempo más o menos largo), hiperactividad (alto nivel de actividad motora) e impulsividad (dificultad de autocontrol en sus emociones, pensamientos y conductas), que se presentan con mayor intensidad y frecuencia de lo esperado para su edad y nivel de desarrollo, de tal forma que interfieren de manera negativa en su aprendizaje y/o comportamiento.

Estos síntomas pueden manifestarse conjuntamente o bien predominar solamente uno de ellos. El TDA-H no siempre cursa con hiperactividad.

Una de las dificultades del TDA-H es que, con una elevada frecuencia, se presenta acompañado de uno o más trastornos. Por lo tanto, es frecuente que el alumno con TDA-H presente además el siguiente perfil:

  • TDA-H y dificultades de aprendizaje (dificultad en el aprendizaje de las matemáticas (DAM), de la escritura, de la lectura (DL), dislexia).
  • TDA-H y problemas perceptivo motores (deficiente coordinación motora y motricidad fina).
  • TDA-H y trastornos del estado de ánimo (depresión y/o ansiedad).
  • TDA-H y trastorno negativista/desafiante (conducta oposicionista).
  • TDA-H y conductas agresivas (conductas agresivas-defensivas, de carácter más bien impulsivo que se producen como una respuesta desmedida a lo que el niño interpreta como una provocación o un ataque).

ALUMNO CON TDA-H

El grado de dificultad que los alumnos presentan depende de:

  • La gravedad de la disfunción neurológica de fondo.
  • La convivencia (o comorbilidad) con otros trastornos.
  • El ajuste emocional y de la autoestima.
  • El grado en el que la educación recibida pueda influir en la moderación de los síntomas.

Este es uno de los trastornos más sensibles a la acción educativa del entorno (principalmente familia y escuela). Por ello, una detección temprana (desde la familia o la escuela), un diagnóstico correcto y un buen manejo psicopedagógico, médico y familiar favorecerán el buen pronóstico del niño afectado.

El TDA-H es un trastorno crónico muy frecuente ya que se estima que alrededor del 5% de los niños y adolescentes lo tienen. Se debe a múltiples factores provocando dificultades en la inhibición y el autocontrol, la planificación, la memoria de trabajo a corto plazo, fijar la atención en nuevos estímulos y la elección de información relevante frente a la irrelevante. Por tanto, no es consecuencia de que no haya sabido educar a su hijo.

Sus síntomas principales son inatención o dificultad para concentrarse, hiperactividad e impulsividad (parecen incapaces de controlar sus reacciones inmediatas o de pensar antes de actuar) inadecuados para su edad. Pueden manifestarse todos o predominar el déficit de atención o la hiperactividad-impulsividad.

Estos síntomas se manifiestan en varios entornos (familia, escuela, amigos) y, a veces, son lo suficientemente importantes como para afectar al aprendizaje y a las relaciones familiares y sociales.

El niño o adolescente con TDA-H no tiene en general un problema de inteligencia o de razonamiento, sino de organización y de autocontrol de la atención, las emociones, la conducta y la relación social.

¿CÓMO SE MANIFIESTA EL TDA-H?

De manera resumida, podemos identificar las siguientes dificultades como consecuencia de este trastorno:

Fracaso escolar

Cometen equivocaciones o errores en matemáticas (confunden el signo, se olvidan de cuántas se llevan), lenguaje (faltas de ortografía, cometen errores incluso copiando), lectura (no entienden lo que leen) y escritura (omisiones, adicciones o sustituciones de palabras o letras). En ocasiones cuesta que empiecen a hacer la tarea; otras veces tienen voluntad para empezar pero se agotan rápidamente, abandonando la tarea; por eso, requieren mucho tiempo para terminar algo incluso sencillo. Tienden a olvidarse de las tareas o del material escolar, etc. Todo esto, entre otras cosas, hace que su rendimiento sea menor de lo que podrían dar por su capacidad intelectual.

Muy inquietos, “inagotables”/hiperactividad-impulsividad

Tienen menos capacidad para controlar su conducta, son impulsivos. Esto se debe a su dificultad para pararse a pensar en las posibles consecuencias de sus actos (y después decidir si deben hacerlo o no); y para retener lo aprendido de experiencias pasadas y aplicar los conocimientos. Con frecuencia hablan mucho, interrumpen y molestan a los compañeros. Se meten, sin querer, en conflictos, tienden a mentir para evitar el castigo. En clase se levantan de su asiento con cualquier excusa (recoger un papel que se les ha caído, afilar el lápiz, ir al baño, etc.), distraen a compañeros, Interrumpen a menudo la clase, hablan sin permiso, a veces hablan en un tono alto (con frecuencia padres y profesores les piden que se callen).

Problemas de comportamiento

Aunque no tienen intención de portarse mal, debido a su manera impulsiva de actuar (sin pensar en las consecuencias), hacen cosas que desagradan o molestan a los demás. Cuando se dan cuenta de lo que han hecho, con frecuencia se arrepienten o piden perdón. Otras veces, mienten y llegan a negar que lo hayan hecho. Como son impacientes y su tolerancia a la frustración es baja, les cuesta esperar su turno y aceptar el no obtener las cosas que quieren de manera inmediata, por eso los momentos más problemáticos son aquellos donde tienen que respetar el turno y un orden.

Problemas en las relaciones con los demás

Los síntomas del TDA-H pueden afectar a las relaciones sociales del niño. Pueden ser niños impopulares porque son imprevisibles y su comportamiento puede llegar a ser irritante y difícil de controlar. A veces empujan, molestan e insultan a los demás. Sus compañeros pueden “dejarles de lado” porque se saltan las reglas del juego, bien porque no se han enterado de las reglas o bien por su impulsividad. Frecuentemente son demasiado insistentes con sus demandas y testarudos, no se dan por vencidos hasta que no consiguen lo que quieren.

Dificultad para organizarse y programarse

Son muy desorganizados y esto repercute en el ámbito escolar, extraescolar y familiar. En los exámenes se enganchan en una pregunta y dejan el resto a medio contestar. No saben organizar el tiempo y acaban teniendo que correr (haciéndolo deprisa y con errores) o no les da tiempo de terminar una tarea. Cuando les mandan una tarea no saben por dónde empezar, se entretienen en detalles sin importancia y aplazan el momento de empezar lo mandado. Se les olvida que un examen.

Autoestima baja

Todo lo anterior hace que sean castigados por los profesores y por los padres, y reciban comentarios negativos (“eres un vago”, “siempre llegas tarde”, “otra vez se te olvidó el libro”, “así no vas a aprobar”) o incluso falsas expectativas (“si pusieras más de tu parte te iría mejor”). Esto va afectando negativamente en la autoestima del niño, y le lleva a desconfiar de su capacidad.

Variabilidad/Rendimiento inconstante

Muchos padres y profesores sospechan que el niño con TDA-H “se inventa” los síntomas, porque son capaces de permanecer atentos y quietos en algunas situaciones, como jugando a videojuego o viendo su película favorita. A veces se extrañan que algunos días rinden bien y otros “están en las nubes”, llegando a oscilar mucho las notas incluso en la misma asignatura. Esto ocurre porque la variabilidad del cuadro clínico (su intensidad y su repercusión) es una característica del TDA-H y porque los síntomas dependen de factores ambientales como el contexto (novedoso, interesante, corto, estructurado) y la motivación del niño para realizar esa tarea en concreto (a mayor motivación, menor necesidad de atención).

EVALUACIÓN Y TRATAMIENTO DEL TDA-H

Tanto la evaluación como el tratamiento de este trastorno, debe realizarse en conjunto, de manera multidisciplinar por todos los profesionales de cada área implicada. Por eso, en este caso, la correcta evaluación del TDA-H deberá englobar la evaluación psicológica, la educativa y la médica.

La evaluación es el proceso a través del cual se recogerá toda la información necesaria para cerciorarnos de que ese niño, adolescente o adulto, puede padecer TDA-H. Así mismo, será en este apartado donde se examinará el nivel de funcionamiento intelectual del paciente y sus habilidades en la lectoescritura y en las matemáticas, explorando además, si existen dificultades emocionales, sociales, motrices y en el lenguaje. Este tipo de evaluación es muy importante ya que el TDA-H tiene un alto nivel de comorbilidad de estas dificultades. Debemos tener en cuenta que la evaluación de este trastorno será un proceso complejo ya que al haber distintos subgrupos, predominarán los problemas de atención o los de hiperactividad e impulsividad.

Los factores que se ven afectados en las personas que padecen TDA-H, como ya hemos visto, son muchos y pertenecen a diversas áreas, por ello el tratamiento en este trastorno debe ser multimodal. Es decir,  el tratamiento que mayor eficacia ha demostrado es el que combina el tratamiento farmacológico, psicológico y psicoeducativo. La combinación de estos tratamientos requiere una coordinación por parte de todos los profesionales que intervienen, una coordinación entre psiquiatras, psicólogos, psicopedagogos, tutores, profesores y el propio centro escolar, así como también la colaboración primordial de los padres y familiares de los afectados.

Los niños y adolescentes con TDA-H son muy diferentes entre sí, por eso el tratamiento debe ser lo más personalizado posible, adaptándose todo lo posible a las necesidades de cada paciente. Cada chico tiene unas características personales, familiares sociales y escolares específicas.

También se debe tener en cuenta que las manifestaciones del TDA-H varían con la edad y el tratamiento que se esté llevando a cabo en cada paciente. Otra razón por la que no existe un tratamiento estandarizado para todos los pacientes con esta dificultad, sino que debe ser un tratamiento totalmente personalizado a cada paciente.

Se debe establecer un seguimiento de dicha intervención desde el inicio de ésta. Esta observación de las mejoras obtenidas con el tratamiento se realizará mediante una evaluación de los resultados de aplicar las estrategias y orientaciones. Se pueden redefinir los objetivos y variar las estrategias y métodos conforme avanzamos en el tratamiento, si percibimos que éstos no están dando los resultados esperados por los profesionales, el tratamiento debe ser flexible dentro de unas directrices y una organización.

Se concluye, resaltando de nuevo la importancia que tiene el tratamiento multimodal, multidisciplinar, así como también lo fue en el proceso de evaluación indicado para atender y especificar el desarrollo alcanzado por los chicos en todas las áreas.